Más allá del recurso: estudio revela cómo los ecosistemas, las comunidades y los mercados globales definen el futuro de las algas en Chile
- Una investigación de la Universidad Católica del Norte y del Instituto Milenio SECOS estudió las interacciones entre ecosistemas, comunidades costeras, políticas públicas, cambio climático y mercados internacionales que influyen en la producción de algas en Chile. El trabajo identifica oportunidades para fortalecer la resiliencia del sector mediante una gobernanza adaptativa, mayor valor agregado y una distribución más equitativa de los beneficios.
Chile ocupa una posición de liderazgo global indiscutido en el sector pesquero, pero no solo por los peces o mariscos, ya que el país se ha consolidado como el principal productor de algas del continente. En 2025, la producción nacional alcanzó las 426.543 toneladas métricas, de las cuales cerca del 85% provino directamente de la extracción en entornos naturales.
Sin embargo, detrás de estas millonarias cifras de exportación se esconde un complejo sistema de alta vulnerabilidad ecológica y socioeconómica. Así lo demuestra un reciente estudio publicado en la Revista Chilena de Historia Natural por un equipo de investigación del Instituto Milenio en Socio-Ecología Costera (SECOS) y la Universidad Católica del Norte.
El artículo analiza la actividad a través del marco de Sistemas Socio-Ecológicos (SES), para analizar cómo las interacciones influyen en resiliencia, vulnerabilidad y sostenibilidad, demostrando que la supervivencia de los bosques de algas (como el huiro) y la calidad de vida de las comunidades costeras no dependen de un solo factor, sino de una compleja red interconectada donde interactúan ecosistemas, fluctuaciones del clima, la gobernanza pesquera y la demanda de los mercados internacionales.
Al respecto, la directora alterna del Instituto Milenio SECOS y académica del Departamento de Biología Marina de la UCN, Pilar Haye, explica que este trabajo analiza la actividad en toda su complejidad, abordando desde las características biológicas y geográficas de los recursos, hasta el rol de los actores involucrados y las brechas científicas actuales. “Un trabajo integrativo aplicando un marco socio-ecológico como prisma de análisis de la extracción de algas en Chile nos aporta una visión integral del sistema. Al sintetizar la evidencia científica, la información gubernamental y el conocimiento institucional y local, logramos generar bases que puedan informar futuras políticas públicas y estrategias de manejo”, destaca.
El “Efecto Cobre” y la presión sobre el mar
Una de las características más llamativas de la revisión, identifica cómo las dinámicas macroeconómicas terrestres impactan directamente en la zona costera. En un estudio previo, los investigadores identificaron una correlación histórica entre el precio del cobre y la intensidad de la extracción de algas pardas en el norte de Chile.
Cuando el precio del metal rojo cae, el desempleo aumenta en las regiones mineras, empujando a trabajadores locales y migrantes a la recolección y el barreteo de huiro como un “salvavidas” económico temporal. Por el contrario, cuando el cobre repunta, la presión extractiva sobre los bosques submarinos disminuye, permitiendo la recuperación ecológica del recurso.
El investigador postdoctoral UCN y del Instituto Milenio SECOS, Nicolás Latorre, explica este fenómeno señalando que “la economía genera muchos movimientos sociales y la minería, que es el ingreso más potente del país, no es la excepción. Esto demuestra que el manejo de algas no depende solo de lo que ocurre en la costa y en las comunidades locales, sino también de factores económicos distantes. Por eso es importante tener una mirada más holística, considerando tanto los aspectos ecológicos como los socioeconómicos”.
Justicia Azul, ¿Quién se queda con el valor del alga?
El estudio además pone el foco sobre un desafío crítico en relación a la desigual distribución de las ganancias a lo largo de la cadena de valor. Actualmente, cerca de 84.000 personas están inscritas en el registro pesquero artesanal ligadas a la actividad alguera. A pesar de que son los algueros, algueras y buzos quienes asumen todo el riesgo laboral y la volatilidad de los precios, son el eslabón que menor beneficio económico recibe.
El mercado chileno opera principalmente como un exportador del commodity (materia prima seca y picada de bajo valor agregado), destinado a potencias asiáticas como China, Filipinas e Indonesia, donde se procesa para la industria de los ficocoloides (espesantes y geles para alimentos y cosméticos). El poder de negociación y las mayores utilidades quedan concentrados en los intermediarios y las grandes empresas exportadoras, perpetuando la vulnerabilidad en las caletas artesanales, de las cuales más del 90% aún presenta condiciones de subdesarrollo.
“En Chile exportamos principalmente algas como materia prima, con muy poco procesamiento”, advierte Pilar Haye. Y agrega que “eso significa que gran parte del valor económico se genera después de la extracción, durante el procesamiento industrial y la elaboración de productos, etapas que suelen realizarse fuera de las caletas y en muchos casos fuera del país. Para que una mayor parte de ese valor quede en las comunidades costeras, es importante promover el procesamiento local, desarrollar productos con valor agregado y diversificar los mercados locales, incluyendo el consumo nacional”
El motor invisible de la orilla y la brecha de género
La investigación también desvela la realidad de género en las costas chilenas. Aunque las mujeres representan el 29% de la fuerza recolectora artesanal a nivel nacional, históricamente han enfrentado políticas “ciegas al género” que las han excluido de fondos públicos y capacitaciones técnicas. Sin embargo, hoy, las mujeres están liderando la innovación del sector a través de productos con valor agregado, como snacks, mermeladas y cosméticos a base de algas como la Durvillaea, y han tomado las banderas de la gobernanza, ocupando actualmente cerca de 1.190 cargos directivos en organizaciones de pesca artesanal.
“El principal desafío es reconocer y visibilizar el trabajo de las algueras, además de garantizar un acceso más equitativo al financiamiento público”, enfatiza Haye. “Muchas de ellas ya están desarrollando productos con mayor valor agregado, como alimentos, cosméticos y otros bioproductos. Por eso, es importante fortalecer esas iniciativas mediante financiamiento, capacitación y apoyo para acceder a nuevos mercados. Esto no solo ayuda a reducir las brechas de género, sino que también diversifica la economía de las comunidades costeras”, agrega.
El camino hacia la sostenibilidad es diversificando
Frente al cambio climático, marcado por marejadas más intensas y olas de calor, el modelo extractivo chileno enfrenta una encrucijada. Mientras potencias como China basan su éxito en la acuicultura masiva, en Chile el cultivo comercial se estanca casi exclusivamente en el pelillo (Gracilaria chilensis), dependiendo el resto de la industria de la recolección de poblaciones naturales.
Para asegurar la resiliencia del sector, el estudio propone fortalecer la gobernanza adaptativa potenciando las “Mesas de algas” y las Áreas de Manejo (AMERBs), integrando el conocimiento ecológico tradicional con la ciencia. Asimismo, plantea revisar estrategias de rotación espacial en áreas de libre acceso, como en Noruega, e impulsar la acuicultura de especies nativas como el alga verde Ulva spp., de gran presencia en la costa. Finalmente, reducir la dependencia del mercado asiático estimulando la industria local, el consumo interno y la creación de biomateriales de alto valor agregado.
Al respecto, Nicolás Latorre advierte que en Chile existen tecnologías de cultivo, pero enfrentan desafíos: “Históricamente ha sido más barato extraer algas de poblaciones naturales que cultivarlas. Además, obtener concesiones es un proceso largo y nuestras condiciones oceanográficas son complejas. El desafío hoy es generar incentivos para que el cultivo sea una alternativa económicamente atractiva”.
Frente a la amenaza climática, el investigador añade una cuota de cautela: “Los bosques de huiro han demostrado capacidad de recuperación, pero el cambio climático y eventos como El Niño pueden ralentizar este proceso. Si se suma una extracción no sustentable, aumenta su vulnerabilidad. Las medidas de manejo deben adaptarse a estas nuevas condiciones para proteger el ecosistema y a las comunidades que dependen de él”.
De esta forma, el estudio concluye que el futuro de las algas reside en construir un sistema equitativo e inclusivo, trabajando codo a codo con las comunidades de base. “El conocimiento local y el científico se complementan mutuamente”, menciona Haye. “Hoy más que nunca necesitamos co-producir conocimiento para tomar mejores decisiones. La experiencia de las comunidades pesqueras y los cambios que observan aportan información muy valiosa que, junto con el saber científico, permitiría desarrollar estrategias de manejo más efectivas”, finaliza.
