¿Y si el problema no fuera la edad, sino la falta de capacitación?
Por Pablo Quappe, director regional de Crecimiento para Latinoamérica y el Caribe de EXP Realty Chile.
- La tecnología es una herramienta clave para la mayoría de los trabajos. Por ese motivo, se vuelve crucial capacitar a los equipos de trabajo en el uso de herramientas digitales.
La falta de preparación puede convertirse en un obstáculo mayor para incorporar herramientas digitales, que la edad de un trabajador. Si bien existe una brecha digital entre generaciones, es equivocado atribuirla exclusivamente a la edad.
En mi experiencia liderando equipos y procesos de transformación comercial, he comprobado que una persona mayor de 50 años puede incorporar herramientas digitales e inteligencia artificial cuando entiende para qué sirven y comienza a utilizarlas en situaciones reales.
Los datos apuntan en esa dirección, ya que, según una investigación de AARP en Estados Unidos, el uso de herramientas de inteligencia artificial entre mayores de 50 años creció cerca de un 67 % entre 2024 y 2025. Este avance permite cuestionar el estereotipo de que existe una incapacidad generacional para aprender.
Además, las competencias digitales pueden ser una herramienta muy poderosa para enfrentar el edadismo, aunque no eliminan por sí solas la discriminación. Cuando una persona mayor de 50 años demuestra que sabe utilizar inteligencia artificial, automatización y herramientas digitales, rompe uno de los principales prejuicios del mercado laboral: la idea de que experiencia y tecnología son incompatibles.
Sin embargo, el edadismo sigue siendo una realidad en el mercado laboral. Un estudio de AARP reveló que el 64% de los trabajadores mayores de 50 años declaró haber visto o experimentado discriminación por edad en el trabajo. Además, el 74% cree que su edad puede convertirse en una barrera al momento de ser contratado.
Esto significa que quedar al margen de la inteligencia artificial representa un riesgo para cualquier trabajador, no solo para los mayores de 50 años. Pero quien combina experiencia con dominio tecnológico puede reposicionarse y demostrar que sigue siendo relevante, productivo y capaz de adaptarse.
Asimismo, la responsabilidad no recae únicamente en los trabajadores. Las empresas también deben asumir un papel activo en este proceso.
La adopción tecnológica no se logra con una capacitación aislada; requiere práctica, acompañamiento y medición de resultados. Muchas compañías confunden falta de entrenamiento con falta de capacidad.
La inteligencia artificial puede procesar una enorme cantidad de información, pero no necesariamente sabe qué información importa. Ahí entran en juego el criterio, la experiencia, la capacidad de negociación y la comprensión del contexto que entrega una trayectoria profesional.
Los trabajadores mayores de 50 años pueden aportar tres ventajas. La primera es la capacidad de formular mejores preguntas. La inteligencia artificial entrega resultados según la calidad de las instrucciones que recibe, y la experiencia permite entender qué preguntar y qué problema se necesita resolver.
La segunda es el criterio para evaluar las respuestas. La IA puede entregar información incorrecta, incompleta o poco aplicable. Un profesional experimentado cuenta con más elementos para detectar errores, anticipar consecuencias y tomar decisiones.
La tercera está relacionada con las habilidades humanas: generar confianza, liderar equipos, negociar, comprender a un cliente y actuar frente a escenarios complejos.
Un profesional experimentado no comienza desde cero. Utiliza la inteligencia artificial para potenciar años de conocimiento acumulado, tomar decisiones con mayor velocidad y concentrar su tiempo en aquello donde realmente genera valor.
Este desafío será cada vez más relevante para Chile. Los resultados del Censo 2024 muestran que el país ya tiene 79 personas de 65 años o más por cada 100 menores de 15 años, mientras que en 1992 esa relación era de solo 22,3%.
Chile está envejeciendo. Por eso, dejar fuera de la transformación tecnológica a los mayores de 50 años no solo sería discriminatorio, sino también una mala decisión económica. No podemos desperdiciar décadas de experiencia justo cuando la tecnología permite multiplicar su impacto.